En octubre de 2007 en el Foro de Nyeleni sobre Soberanía Alimentaria cientos de mujeres campesinas reafirmaron sus demandas: “Luchamos por el acceso a la tierra, a los territorios, al agua y a las semillas. Luchamos por el acceso al financiamiento y al equipamiento agrícola.
Luchamos por buenas condiciones de trabajo. Luchamos por el acceso a la formación y a la información. Luchamos por nuestra autonomía y por el derecho a decidir por nosotras mismas, y también a participar plenamente enlas instancias de toma de decisiones. “ (Declaración de las mujeres por la Soberanía Alimentaria, Mali, 2007).
Estas afirmaciones resumen algunas de las principales reivindicaciones
que han dado lugar a la articulación de mujeres campesinas en organizaciones locales y nacionales, y a su mayor voz y presencia en movimientos internacionales como la Via Campesina.
Desde siempre las mujeres campesinas han jugado un
papel protagonista en la producción agraria: en los trabajos
del campo, en el descubrimiento y protección de
las semillas, en el cuidado de los recursos naturales, en
la propia producción de alimentos, en la acumulación de
conocimientos relativos a la práctica agrícola, etc.
Además cabe destacar que estas mujeres campesinas abastecen
entre el 60 y el 80% de la producción alimenticia de los
países más pobres, y alrededor del 50% mundial. Gracias
al conocimiento acumulado en las prácticas agrícolas, son
las mujeres quienes alimentan a la humanidad, y además,
en la mayoría de los casos, mantienen prácticas congruentes
con el cuidado de la tierra, y la naturaleza.
¿Implica esto que las mujeres campesinas gozan en
la mayoría de los casos de los mismos derechos que sus
compañeros hombres?. Con un simple dato es fácil responder
a esta cuestión: únicamente el 1% de las tierras
agrícolas son propiedad de mujeres. Las desigualdades de
género caracterizan el día a día de estas mujeres campesinas, que se ven sometidas a prácticas discriminatorias que vulneran sus derechos fundamentales, limitan su desarrollo personal, e invisibilizan plenamente su participación en la producción agrícola. (…)
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