ALAI AMLATINA, 12/12/2008, Montevideo.- Los jefes de estado de América
Latina y el Caribe se reunirán en la ciudad brasileña de Salvador de
Bahía. Es una sucesión de encuentros, que comienza con la cumbre
presidencial del MERCOSUR, seguida por una de la UNASUR, para terminar
con un encuentro latinoamericano el 16 y 17 de diciembre. Frente a este
cónclave es más que oportuno preguntarse cuáles podrían ser las
prioridades y urgencias de la integración regional bajo una mirada
independiente que parte desde la sociedad civil.
Sin duda que es un hecho positivo que los presidentes se vuelvan a
encontrar e intenten analizar y tal vez coordinar respuestas frente a la
crisis global. Pero también hay que reconocer que la situación actual
muestra muchas tensiones y problemas pendientes.
Los dos grandes bloques sudamericanos ejemplifican estas complicaciones.
La Comunidad Andina aparece fracturada por aquellos que apuestan a los tratados de libre comercio (Colombia y Perú) y los que buscan un camino alternativo (Ecuador y Bolivia). El comercio dentro de la CAN se hamantenido en la modesta franja del 10% del total de las exportaciones (el más bajo en toda América Latina); no logra conformarse una zona de libre comercio efectiva, y hay muchas dudas sobre su capacidad paranegociar como un bloque frente a la Unión Europea.
En el MERCOSUR también existen tensiones (la más conocida entre
Argentina y Uruguay, y la más reciente entre Brasil y Paraguay), el
comercio entre los socios se ha mantenido alrededor del 15% de las
exportaciones totales. Parece ser que una vez más no se aprobará el
Código Aduanero, mientras que las últimas propuestas argentinas de
protección comercial fueron rechazadas por los demás socios. Si bien hay
avances importantes (como la puesta en marcha de un fondo de asistenciao los intentos de fortalecer la presencia parlamentaria), también escierto que Buenos Aires y Brasilia mantienen posturas enfrentadas enseno de la OMC, y por lo tanto no se consolida una postura unificada delbloque.
El Mercado Común Centroamericano tiene algunos problemas similares, y
por ejemplo está tensionado por el tratado de libre comercio con los
Estados Unidos.
Como por un lado los cuatros socios de la CAN, y por el otro los cuatro
miembros plenos del MERCOSUR, navegan entre las más diversas tensiones yconflictos, inevitablemente esta problemática se repite dentro de laUnión de Naciones de Suramérica (UNASUR). En su seno hay expresionespositivas, destacándose su efectiva intervención en la crisis boliviana,pero persisten las incertidumbres de su propuesta integracionista.
Recordemos que la UNASUR es la continuación de la Comunidad Sudamericanade Naciones, y supuestamente sería la profundización de aquel proyectocomo una “unión”. Pero un examen desapasionado deja en evidencia loscontrastes, ya que su tratado constitutivo renuncia a varios de lospropósitos originales de la Comunidad Sudamericana. En efecto, una metaclave como la reducción de las asimetrías entre las naciones, que estabaclaramente expresada en los acuerdos de la Comunidad Sudamericana,desapareció en el tratado de la UNASUR. Lo mismo ocurrió con otrosaspectos, especialmente comerciales y productivos. De esta manera, unexamen riguroso indica que los acuerdos de Cuzco y Cochabamba eran másambiciosos, y si bien los gobiernos aceptaron usar el título de “Uniónde Naciones”, postulado por Hugo Chávez, el resultado final es másmodesto. Esto refleja la exitosa intervención de Brasil en dejar de ladoposibles obligaciones comerciales y productivas, y en especial elabordaje de las asimetrías, para desembocar en lo que esencialmente esun foro político sudamericano. Y es tiempo de recordar que un consejo de
defensa sudamericana (algo así como una OTAN regional), dista mucho delas demandas de la sociedad civil por “otra integración”.
Sin duda que es bienvenida la permanencia de los esfuerzos
integracionistas, y acciones como la presencia de UNASUR en apoyo de EvoMorales, son pasos muy importantes. Pero es necesario reconocer losestancamientos y disputas en otros terrenos, y examinar los factores quelos explican.
Hoy por hoy, la mayoría de estos gobiernos son progresistas y defiendenfuertes discursos integracionistas, pero a la vez mantienen viejasformas de nacionalismo, apelando a modelos de desarrollo convencionales de base extractivista, cayendo en competir en los mercados globales y endisputas fronterizas por el manejo de recursos naturales. Está claro queel manejo de los excedentes y beneficios económicos de esa estrategiaexportadora se manejan ahora de otra manera (especialmente bajo un mayocompromiso social), pero de todos modos se repite la vieja estrategiaproductiva. Esto se está convirtiendo en un obstáculo muy importantepara la integración, y frente a ello debe reconocerse que ya no esposible avanzar hacia vínculos alternativos sin una reforma sustancialen los estilos de desarrollo. No se puede plantear una “unión” entrepaíses, si todos ellos exportan materias primas hacia los mercadosglobales y en la práctica no tienen políticas productivas comunes.
En cambio, la próxima cumbre en Bahía alienta un cambio positivo y es el
regreso a escena de la idea de “América Latina y el Caribe” como espaciode integración. No es un hecho menor ya que parecería que en los últimosaños esa idea cayó a un segundo plano. Incluso la apuesta a UNASUR, ysus antecesoras (la Comunidad Sudamericana de Naciones, y el Area deLibre Comercio de América del Sur), expresan en todos los casos unavoluntad restringida a Sudamérica.
Esto se debe en buena medida a un camino iniciado por Brasil, bajo el
gobierno de Fernando Henrique Cardoso, y profundizado por la
administración Lula, donde se consideraba que era inviable una
integración de “todo” el continente, mientras que las posibilidades
reales de liderazgo regional brasileño estaban enfocados en América del
Sur. Existen muchas declaraciones donde se señalaba que México se
encontraba irremediablemente bajo la influencia de Estados Unidos, y se
aceptaba que América Central y el Caribe estaban englobados bajo ese
mismo paraguas. La UNASUR, como el más ambicioso programa de integraciónen la región, carga con la limitación de contribuir al desvanecimientode la aspiración de una integración que cubra toda América Latina y elCaribe. Lastimosamente en los últimos años poco a poco se ha extendido yaceptado la idea de una integración “sudamericana” en lugar una“latinoamericana”.
La paradoja es todavía mayor ya que el proyecto venezolano de
integración, expresado en el ALBA, mantiene aquel horizonte a escala
continental. Más allá de las opiniones que se tengan sobre esa
iniciativa, e incluso reconociendo que por ahora es sobre todo un
esquema de cooperación y asistencia, lo cierto es que el ALBA tiene dos
aspectos clave que falta en los demás esquemas: recupera la escala
geográfica continental, y acepta compartir los recursos naturales y la
articulación productiva. Por lo tanto, es esperable que en la próxima
cumbre en Brasil sirva para recuperar una verdadera visión
latinoamericanista.
Los presidentes también deberían enfrentar decididamente las
complicaciones debidas a incumplimientos comerciales, a la inexistencia
de expresivas cadenas productivas compartidas entre los países, o por
las descoordinaciones en las estrategias en comercio exterior. Las
repetidas cancelaciones del Código Aduanero del MERCOSUR o las
suspensiones en el Arancel Externo Común de la Comunidad Andina son
ejemplos muy claros. La inexistencia de una política agropecuaria común
dentro del MERCOSUR, después de 15 años, ya es injustificable.
La institucionalidad de cada bloque sigue sufriendo de varias
debilidades, y por ello una y otra vez se debe terminar en las cumbres
presidenciales para resolver las diferencias. La integración necesita de
fuertes compromisos presidenciales, pero no puede estar restringida a
ellos. Consecuentemente, los presidentes deberían fortalecer la
institucionalidad y las normativas comunes.
También se debe abordar el manejo y gestión de los recursos naturales
compartidos o en zonas de frontera. Esos recursos siguen explicando la
mayor parte de las exportaciones regionales, y se suman las disputas
sobre su gestión compartida (la más reciente es la preocupación
boliviana por los impactos de represas que Brasil construirá en el Río
Madeira, compartido entre las dos naciones). Por lo tanto es necesario
generar acuerdos sobre estos aspectos que sin dudas necesitan tanto deposturas innovadoras como de generosidad entre países vecinos.
No puede dejar de mencionarse que se deben articular las cadenas
productivas, donde distintos países pueden participar en sus eslabones.
La integración no puede reducirse a que los países pequeños le vendan
gas o manteca a Brasil o México, quedando obligados a comprar sus autos
o camiones, sin poder participar en esos procesos industriales. Los
países pequeños deben tener espacio para desarrollar sus industrias, y
elaborar manufacturas que se puedan insertar en cadenas productivas de
las naciones más grandes. Por lo tanto, se deben generar políticas
productivas a escala regional.
Es necesaria otra actitud para encarar la gestión de los organismos
financieros latinoamericanos, en tanto están en manos de los propios
gobiernos. Es preocupante que la Corporación Andina de Fomento (CAF), el
FonPlata o incluso los bancos nacionales de acción internacional, como
el BNDES de Brasil o BANDES de Venezuela, tengan una performance social
o ambiental todavía más opaca que las del Banco Mundial o e BID.
Los grandes programas de coordinación en obras y financiamiento deben
revisarse para volcarlos para profundizar los vínculos dentro de
continente, antes que servir a insertarse en la globalización. Todavía
aguarda una respuesta una postura que en este sentido elevó Bolivia enel seno de la Comunidad Sudamericana de Naciones, y que podría servir de punto de partida para un cambio indispensable en el IIRSA.
Finalmente, uno de los aspectos centrales de la integración es reducir
la asimetría entre los países, permitiendo y empujando a aquellas
naciones que vienen rezagadas. La reducción de las asimetrías y el
fortalecimiento del comercio intraregional son aspectos clave, y deben
volver a la agenda de discusión política de los presidentes, para
desembocar en compromisos concretos.
La crisis global actual, que será analizada por los presidentes en la
cumbre de Brasil, debe ser tomada como una oportunidad para estos y
otros cambios. Todo parece indicar que los años dorados de los altos
precios en las materias primas y el boom exportador global se
desvanecen. Por lo tanto es hora de volver a enfocar a la integración en
su verdadero cometido: no es un medio para profundizar la inserción en
la globalización, sino que es un proceso para estrechar las relaciones
productivas y políticas dentro del continente.