El pasado 11 de noviembre la Comisaría de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner anunció la posibilidad de negociar Acuerdos bilaterales de liberalización comercial con Perú y Colombia. Ya con anterioridad el propio presidente de la Comisión Europea, en comunicación cerrada a los gobiernos de Perú y Colombia abría la puerta a dicha posibilidad que en la práctica implica reducir el universo de la negociación a un Tratado de Libre Comercio.
No deja de ser paradójico que mientras la Comisión Europea no ha dejado de insistir en que su interés en estas negociaciones es el favorecer la integración regional y no exclusivamente el comercio a diferencia de Estados Unidos. Finalmente se ha decantado por la misma formula. Resulta inevitable entonces traer a colación las negociaciones bilaterales emprendidas por Estados Unidos luego del fracaso del ALCA.
La opción de bilateralidad ha sido la espada de Damocles de este proceso incluso desde antes de iniciarse formalmente la negociación. Perú y Colombia en el marco de su estrategia diversificación comercial mediante Tratados de Libre Comercio, han insistido permanentemente en ello. En contraposición, Bolivia y Ecuador, han abogado por un Acuerdo regional que sirva de base para la construcción de una nueva relación desde una visión de complementariedad y solidaridad.
En medio de estas diferencias de enfoque en cuanto a los objetivos y fines del Acuerdo, la Comisión Europea insistió en la dimensión regional de la negociación y aceptó iniciarla a partir del consenso de la CAN de negociar en Bloque respetando sus distintas sensibilidades y enfoques. No obstante, era visible su incomodidad con los planteamientos de Bolivia.
En no pocas ocasiones en los corredores y salas de las instituciones Europeas en Bruselas, se ha escuchado de boca de funcionarios y diputados el sentido peyorativo con que utilizan el adjetivo «populistas» para referirse a los gobiernos de Bolivia y Ecuador, desconociendo con ello el profundo valor e importancia que tienen no solamente para ellos, sino para América Latina en su conjunto, los procesos de transformación democrática en curso en ambos países.
De la misma manera, han sido ignoradas en la mesa de negociación las propuestas tendientes a implementar fórmulas novedosas de reconocimiento de las asimetrías y de trato especial y diferenciado, que podrían haber abierto el paso a otra arquitectura del Acuerdo, facilitando la negociación sobre la base del respeto a la diferencias y sensibilidades existentes y de paso favoreciendo la cohesión de los andinos.
El discurso integracionista que se predica en torno a los Acuerdos de Asociación, no ha sido capaz de imponerse a los intereses corporativos Europeos que defiende el modelo de negociación que la Comisión Europea considera inmodificable. Es esta falta de flexibilidad frente a las modalidades de negociación la causante de la situación y no la falta de consenso al interior de la CAN con que la Comisión pretende justificar la opción de bilateralidad planteada.
Se aplaude entonces el interés de Perú y Colombia de avanzar rápidamente y eficazmente en un Acuerdo de liberalización Comercial,-
! curioso ya ni se menciona el término: Acuerdo de Asociación!- mientras se guarda silencio frente al cuadro de descontento popular y de movilización social en ascenso en el Perú y ante las graves violaciones a los derechos humanos que va dejando en Colombia la llamada política de seguridad democrática.
Todo esto sucede en medio de una crisis económica de envergadura global y cuando la economía del Euro se ha declarado en recesión, señales contundentes de como las recetas aplicadas no están funcionando. No obstante, el sesgo político dominante es tal,que no deja margen de juego a aquellos que como Bolivia y Ecuador, plantean opciones distintas para las relaciones económicas y comerciales.
Ello explica porque la reunión ministerial prevista entre la UE y la CAN para el 11 de noviembre no fuera postergada de acuerdo a la solicitud del presidente Rafael Correa a la cabeza de la CAN.
Por que la reunión se realizó solamente con los cancilleres de Perú y Colombia y se optó por la bilateralidad, sin escuchar si quiera los argumentos de Bolivia y Ecuador.
Porque propuestas alternativas al modelo de negociación de la UE, no han tenido cabida en la mesa de negociación y las preocupaciones y recomendaciones de algunos eurodiputados con una visión distinta y de las organizaciones de la sociedad civil han caído en el vacío.
Porque ahora se demuestra tanta «flexibilidad» dejando la puerta abierta a Bolivia y Ecuador para subirse al tren de la negociación cuando lo estimen conveniente...
!claro sobre las reglas de juego que han fijado otros!.